Cuando decidí hacer el cambio de alimentación hacia el crudiveganismo, sabía que había cosas que debían cambiar a mi alrededor. Una de ellas era el consumo de medicamentos. A pesar de que mi mamá cuando yo era pequeña, no me daba antibióticos, de vez en cuando cuando me daban dolores de cabeza tomaba alguna pastilla, al igual que cuando menstruaba y tenía cólico.
Al irse desintoxicando mi cuerpo con la comida cruda y darme cuenta de que no me enfermaba y que no necesitaba medicamentos me sentía muy bien. Creí nunca más necesitar medicinas y estaba tranquila, pero hace año y medio tuve un embarazo que no se logró, pero con varias complicaciones por lo que terminé en el hospital. A pesar de mis intentos de explicarle a los doctores que me hicieron la histororia clínica de que era muy sensible a componentes químicos y aditivos, me inyectaron dos medicamentos por vía intravenosa.
A los poco minutos yo ya no sentía mi cuerpo y pase unas horas muy desesperada. No podía hablar, ni mover mis piernas, mi cerebro estaba atrapado en un cuerpo que no podía moverse y además me sentía muy mareada.
Gracias a que la enfermera reaccionó rápido, empezo a frotarme todo el cuerpo con alcohol. Cuando entró mi esposo, pidió saber que medicamentos me habían puesto para buscar los efectos secundarios. Yo me asusté mucho, por eso no había escrito en la página. No sabía como manejarlo y hasta que lo entendí y tenía una solución es que lo platico el día de hoy.
Una de las reacciones secundarias de uno de los medicamentos es que habían encontrado que algunas ratas sufrían de parálisis muscular. En ese momento mi esposo pidió que se acelerara la dosis de suero para que pudiera eliminar el medicamento por la orina. En unas cuantas horas fui recuperando movilidad, el habla y el control muscular. Realmente me asusté muchísimo y no sabía que hacer.
No quería nunca más estar en el hospital y menos con doctores que no me escuchaban.
Tardé en recuprarme varios meses ya que por el suero y los medicamentos subí inmediatamente de peso y no podía eliminarlo. Me dió pena también porque generalmente con la dieta crudivegana bajas de peso, te sientes muy bien y no te ves como me veía yo. En ese momento me dí cuenta de porqué es tan importante no comparar a la gente que come crudo. No sabemos lo que le ha pasado. Necesitamos tener unicamente el punto de comparación de nosotros mismos. Cualquiera que me vió en ese momento podría haber pensado ¿qué dieta está llevando esa mujer, que mal se ve? Mejor no la seguimos.
Tenemos que tomar en cuenta unicamente nuestra experiencia. Darnos cuenta de que tomemos el punto de partida de nuestro cuerpo, si cambio algo de mi alimentación y después de un proceso de desintoxicación me siento mejor, entonces le sigo y empiezo a ver los cambios en mí.
Hace algunos meses quisimos volver a intentar un embarazo, y a las 11 semanas no había latido por lo que el doctor dijo que necesitaba un legrado. Ya te imaginarás como me sentía: ATERRADA.
Mis lágrimas salían por el bebé y porque no quería esa intervención. Pregunté si podíamos esperar a que mi cuerpo lo soltara solo y el doctor me explico los riesgos que corría ya que era un embarazo avanzado y que no quería tener que internarme de emergencia. Lo platicamos mi esposo y yo y decidimos proceder con el legrado pero explicándole al doctor las reacciones que había yo tenido anteriormente con los medicamentos y me dijo que lo iba a hablar con el anestesiólogo y que iban a hablar los dos conmigo.
Me tuvieron mucha paciencia todos los médicos, pero también nos aseguramos de que entendían mis necesidades y que debían tener mucho cuidado con lo que me ponían.
El anestesiólogo me puso la dosis mínima que necesite, observó mi reacción estuvo al pendiente y me dió mucha confianza. También me comentó que no iba a aplicar ningún otro medicamento para que no se hiciera una reacción y que no me iban a poner ningún analgésico. El ginecólogo pidió que no se me aplicara ningún otro medicamento ni nada y les pidió a las enfermeras que tuvieran mucho cuidado y que cualquier cosa le avisaran.
Me sentí muy cuidada y protegida y todo salió muy bien. Sabía que no iba a tener medicamento para el dolor y tomé las cosas con más calma. El trato que me dieron fue muy amable y me sentí muy bien. Los efectos secundarios: subí de peso de nuevo y además la alimentación en el hospital es pésima. Me dieron agua de guayaba con azúcar, gelatina con colorante, azucar y grenetina, té de bolsita, pero sabía que en ese momento no podía hacer nada y me lo tomé. Ya en casa hice lo que mejor me convenía.
Comparto esto porque creo que es importante el que todos debemos de tener un médico en el que podamos confiar, que nos conozca en caso de emergencia, que sepa que no tomamos medicamentos, que nos hacen mucha reacción y que comemos muy sano.
Me dí cuenta de que si tenemos una urgencia médica, necesitamos atendernos, pero con las precauciones adecuadas y todo sale muy bien. Si no estamos agusto con un médico, hay que buscar otro.
También hay que buscar alternativas naturales para sentirnos mucho mejor.
Esto lo escribo con la intención de que tengas confianza en lo que haces y que te sientas a gusto con las decisiones que tomas. Se que yo soy feliz y que me siento mucho mejor sabiendo que puedo manejar ciertas situaciones con las mejores herramientas posibles en ese momento.








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